16 abril 2014

¿Ha muerto la poesía?

Es bien posible que el primer lector del Gilgamesh o de la Iliada, tras acabar su lectura, se preguntase: ¿Ha muerto la poesía? La persistencia de la pregunta a lo largo del tiempo, hasta casi convertirla en tópico, no hace sino demostrar la necesidad de seguir formulándosela, la incerteza de todas las respuestas hasta hoy ensayadas. Canek Zapata, de la revista mexicana La Otra, ha vuelto a preguntar a unos cuantos poetas: cubanos, argentinos, brasileños, españoles (Juan Carlos Abril y quien esto escribe) y, por supuesto, mexicanos. El resultado puede leerse aquí.

08 abril 2014

Piedra y cielo

De entre las revistas literarias que se publican hoy en España, Suroeste Piedra y cielo son, probablemente, las más fieles a su compromiso con las letras portuguesas. Compromiso que tiene doble mérito, y que merece por tanto doble agradecimiento a quienes están detrás de ellas: a la dificultad inherente a cualquier emprendimiento literario en los tiempos que corren se añade la sensación (subjetiva ésta) de que las letras portuguesas no están de moda en un país tan de modas como el nuestro. Un estado de cosas que ni siquiera Pessoa -¿acaso no es otra de esas modas la insistencia de nuestros editores en volver a publicar por enésima vez lo ya publicado?- ha ayudado a cambiar. No pasa nada. Ya lo dijo Alberto Caeiro -que, por otro lado, dijo casi todo lo importante: "Peço que, se se quiserem ralar por minha causa,/ Que não se ralem./ Se assim aconteceu, assim está certo". Lo anterior obliga a celebrar con particular alegría la publicación de cada nuevo número de esas dos revistas. Y ahora le toca el turno al sexto de Piedra y cielo, que viene una vez más cargado de asuntos lusófonos: dos poemas de mi estimada Hatherly, unos cuantos fragmentos en prosa del gran Camilo Pessanha y una aproximación de quien esto escribe a algunos de los "novísimos" poetas lusos. A disfrutarlo.

05 abril 2014

Julio Torri

Esta es la primera de “Diez notas sobre Julio Torri”. Las nueves restantes, en el número 110 (marzo-abril) de Clarín.

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El magro volumen blanco del Fondo de Cultura Económica que reúne los Tres libros de Torri (tres —Ensayos y poemas; De fusilamientos; Prosas dispersas— que, en realidad, fueron dos que, en realidad, fueron siempre uno y el mismo) ocupa en la balda de mi biblioteca el lugar que ya ocuparon, en la adolescencia y primera juventud, las Meditaciones de Marco Aurelio. Un lugar discreto, pero siempre a mano, estratégicamente situado para ser fácil de alcanzar cuando sea necesario —donde los botes salvavidas en las cubiertas de los trasatlánticos; donde el modesto papelillo donde hemos anotado la combinación de una caja fuerte. Y es que, cuando los diques, habitualmente sólidos, de la costumbre ceden ante la última y redoblada sacudida de la estupidez humana (que siempre comienza y siempre se agota en uno mismo), a Torri hoy, como a Marco Aurelio entonces, acudo con la urgencia del neurótico que rebusca su ansiolítico en medio de una montaña de inútiles antiácidos. Y en la “filosofía de pantuflas” de Torri hallo mis propias Consolaciones —me basta con leer uno de sus textos para comenzar a sentir cómo comienza a circular por mis venas una serenidad inigualable que nace de una certeza oscura, la certeza de que lo único que realmente merece la pena es dar el siguiente paso, ese paso irónico e indiferente del que lo da aunque conoce que va contra toda razón, pues no habrá suelo alguno que lo sostenga.

30 marzo 2014

Materia de las nubes

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fig. 1 (Foto de Karla Olvera)


Materia de las nubes viaja. No podía ser de otro modo. Para empezar, sus dos destinatarios más inmediatos ya lo recibieron en Oxford (Luís Amorim de Sousa) y Viroflay (Karla Olvera). Y desde Viroflay, de la mano de K., ha emprendido un viaje sorprendentemente shandy. Cohabitó un rato con otras nubes, de aspecto dulce, recortadas del mismísimo corazón del Mediterráneo, y emplatadas con un refrescante toque de limón (fig.1). Viajó más tarde, a bordo del TGV, compartiendo asiento con un estuche de colorido diseño mexicano, un bolso amarillo, una botella de Evian y un apetitoso pedazo de quiche, camino de Burdeos (fig. 2). Y, hoy, quizás ya en Burdeos, me saluda con el dedo índice de K. apuntando a la necesidad de huir, siempre (fig. 3). Así son las nubes, viajan...

fig. 2 (Foto de Karla Olvera)
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fig. 3 (Foto de Karla Olvera)

17 febrero 2014

Hugo Gutiérrez Vega


En el último número de La Otra Gaceta se puede leer una jugosa entrevista de José Ángel Leyva a Hugo Gutiérrez Vega. En ella, Gutiérrez Vega, uno de los pocos grandes que quedan en México después de la muerte de Pacheco, se despacha a gusto. Privilegio de quien ha vivido ya ocho décadas, y en ellas ha trasegado suficientes caminos. Reproduzco un fragmento en el que Gutiérrez Vega reflexiona acerca de la difusión de su obra, que define como un fracaso rotundo, para seguido apuntar: "No lo entiendo, pero lo tomo con calma, con humor. No me explico esta especie de silencio orquestado, pero intuyo que tiene mucho que ver con el bloqueo de uno de los grupos literarios con más poder en México y que, para fortuna nuestra, se va desintegrando. Cuando alguien me pregunta cómo puede hacer para conseguir uno de mis libros, le respondo que no lo sé, pues ni yo mismo los encuentro". Como esas mafias están por todos lados, creo que sobran los comentarios: basta con mirar alrededor y cambiar este nombre de aquí por aquel de allá (o ni siquiera, pues las ramificaciones de ese "grupo de poder" al que se refiere Gutiérrez Vega no acaban ni mucho menos en México). La fotografía, por cierto, es de Pascual Borzelli, al que tuve la suerte de conocer hace unos años en los Poetas Latinos de Morelia, y que lleva una vida entera empeñado en retratar a escritores; claro que, a diferencia del otro, Borzelli sólo retrata a escritores -gracias, Hugo, por cederme un sitio a tu diestra- cuyos libros no se encuentran en las librerías.

16 febrero 2014

Dos entrevistas

Tengo la sensación de haber hablado esta semana mucho, quizás demasiado. Primero, con la entrevista "capotiana" que Toni Montesinos me hizo para su blog. Y después con esta otra, a preguntas de Salvador Vaquero, en el Periódico Extremadura. Espero, como decía Clarice Lispector, no haber dicho "muita bobagem".

11 febrero 2014

paláciogalveias / materia de las nubes

IMAG0282
El paláciogalveias, protagonista de uno de los poemas (¿prosemas, divagaciones?) de mi próximo libro, Materia de las nubes, que ya está a punto de llegar.

04 febrero 2014

Ilustrarte

IMG00028-20120114-1628Este post llega con dos años de retraso. Los que han pasado desde que, por azar, descubrí Ilustrarte, la Bienal Internacional de Ilustración Infantil, que se celebra en Lisboa y otras cuantas ciudades europeas en los años pares. Fue una mañana de domingo, una de esas cálidas mañanas que, cada cierto tiempo, nos regalan los inviernos lisboetas, y en las que el sol cae a plomo, sobre todo a la vera del Tajo. Por inercia, o quizás buscando la sombra y el fresco del Museu da Electricidade, que en esto hace las veces de catedral profana en estos rumbos portuarios, entré en el imponente vestigio industrial reconvertido, con criterio (la única reconversión industrial exitosa de que uno tiene noticia), en Museo. Y lo que hallé dentro me maravilló; con ese asombro particularmente gozoso de lo que se encuentra sin ser buscado. El asombro, por cierto, que acompaña al descubrimiento de las primeras letras; a las lecturas que más se disfrutan (al menos en la memoria), y cuya elección no la determinan los nombres escritos en las portadas de los libros, ni siquiera los títulos, sino otros caminos, más profundos y misteriosos, que afortunadamente nunca llegaremos a conocer del todo. Caminos que me condujeron, entre las múltiples posibilidades abiertas en aquella sala del Museo, a tres títulos: 1000 Zanimaux, de la iraní Morteza Zahedide que couleur est le vent? de la belga Anne Herbauts y Die Grosse Flut, de las suizas Evelyne Laube y Nina Wehrle, que firman colectivamente como It's raining elephants. Títulos y autores que, sin decirme nada, me decían lo realmente importante. Guardo en la memoria sobre todo el último, en torno a uno de los temas por excelencia de eso que llaman "literatura infantil", el del gran diluvio y el arca de Noé, y que he intentando conseguir más tarde sin éxito, aunque aquí se pueden ver alguna de sus ilustraciones. En la mejor tradición de los libros iluminados medievales, las autoras parten de la reproducción literal de los versículos 5 a 9 del Génesis (¿quién ha dicho que los niños tienen que leer la gran literatura reescrita o reinterpretada?), para crear un universo de imágenes poderosísimas, de ésas que se quedan en la cabeza de uno dando vueltas durante largo tiempo. Y demuestran, de paso, lo mucho que da de sí la discusión acerca de la relación de los niños con la literatura, y de nosotros con la literatura escrita para niños -asunto sobre el que mis amigos de La Atrevida, Paulo y Javi, de quien otro día hablaré, vienen reflexionando, y no sólo con palabras, sino con bellos hechos, desde hace tiempo. 

Viene lo anterior al caso porque desde hace quince días y hasta comienzos de marzo hay una razón más para visitar esta Lisboa invernal: el Museu da Electricidade acoge la nueva edición de Ilustrarte, de la que espero no tardar otros dos años en dar noticia. 

27 enero 2014

José Emilio

Esta mañana me decían desde México que José Emilio Pacheco se había ido a escribir a la otra trinchera. Me vino inmediatamente a la cabeza la última vez que lo vi, hace ya sus buenos cuatro años. Comimos en un restaurantito de la Condesa. Recuerdo que hablamos profusamente del General Prim. Quiero decir, habló José Emilio. Yo, atónito (suponía que íbamos a conversar de poesía, quizás de su obra), oí cómo disertaba apasionadamente durante cuarenta y cinco minutos, que a mí se me pasaron en un santiamén, sobre el león liberal de Reus y, en particular, sobre su participación en aquella poco gloriosa intervención tripartita que acabó instalando aquel extravagante Imperio de Maximiliano de Austria en México. Una intervención en la que Prim tenía intereses contantes y sonantes: había casado con Francisca Agüero y González, huérfana de un “peninsular” con prósperos negocios en México (ferrocarriles, minas), y por tanto su familia política era una de las afectadas directamente por la suspensión del pago de la deuda decretada por Benito Juárez, y que, al menos sobre el papel, fue el argumento empleado para justificar la intervención franco-anglo-española. Creo que lo que más fascinaba a Pacheco del “affaire Prim” era justamente cómo la Historia, al menos la que se construye en las academias, busca borrar las motivaciones de los individuos que cambiaron su curso, como si tales motivaciones fuesen impuras por comparación con las grandes palabras rituales que todo lo justifican: economía, política, sociedad. Una conclusión, por cierto, que mucho tiene que ver con una cierta veta de su poesía, que opera diseccionando los grandes conceptos con que nos han enseñado a pensar para colocar, en el interior vacío de cada uno de ellos, el corazón batiente del hombre.

A los postres, Pacheco me pidió disculpas por su verborrea, mientras con esa media sonrisa tan suya me decía que por lo menos así me había evitado tener que aguantar la insoportable perorata del viejo poeta que dicta sus cartas a un joven poeta.

17 enero 2014

La temperatura de las palabras: palique

Una conversación sobre poesía con José María Cumbreño, en su espacio "La temperatura de las palabras".