05 febrero 2010

“Las cuatro mañanas”, José Almada Negreiros (iii)


TERCERA MAÑANA

Cuando llegué aquí
lo que había se acababa
y lo que tenía que llegar
andaba disperso en el sueño de algunos.
Mas la mayoría
vivía
su día a día
y todos contentos
de que ser todos así.
Ellos no se daban cuenta del fin
menos aún de aquello que asomaba más allá
- lo que ya comenzaba en los sueños de alguien.
Y fue terrible esto de vivir lo que ha de venir
entre los que apenas usan lo que ya hay.
Era como si todos hubiesen apostado
a no dejarme llegar
a lo que estaba soñando.
En cuanto pude me fingí loco,
uno de esos que andan por libre
sin que sea preciso encerrarlos.
Encontré la forma perfecta de escapar a su medida
sin afectar a la medida de nadie.
Sin pretenderlo creé todo un método
todo un arte de atravesar la multitud.
Me hice invisible en un simulacro de mí.
Mas guardábales la sorpresa
que había guardada en mí.
Éste fue mi engaño:
mi sorpresa sólo sirve para mí y para el futuro
y no cabe en estos días de hoy
que ya fueron soñados por otros.
Mi sorpresa aún es sólo para mí
aún es sólo mi sueño que ya nació para mí y para el futuro
y que apenas tiene color,
color que aún no tiene nombre,
nombre que aún no tiene forma,
forma que aún no tiene perfil,
perfil que aún no se desvela,
es apenas inconfundible,
y a pesar de no estar registrado aún
apenas sabe el tiempo que ya llegó aquí.
Y aquí me tenéis,
en el único sitio al que siempre quise llegar:
saber el sitio de la estrella
que ilumina mi lugar.
¡Oh estrella de mi soñar!
Sin tu luz propia
sin tu distante destellar
tan fijo allí en tu lugar
yo no podía encontrar aquí
el sitio de mi misterio.
Aquí me tenéis, llegado al fin
frente a mi propio misterio.
Ahora todo concuerda y es inmenso
todo se funde y concluye.
Nada de lo que hago es aún provisional
como en mi vida de ayer
¡la mitad de espera de la nueva mitad que vale por dos!
Y así tenía que ser:
jamás sabría nada
sino a través de mis propias dimensiones,
si no fuese por la luz de mi estrella,
la luz de la aurora de mi misterio.
¡Pobre mundo, clamando
para que desvelemos cada cual nuestros propios misterios!

Traducción: Luis María Marina
El texto portugués procede de la edición de los poemas de Almada Negreiros de Fernando Cabral Martins, Luis Manuel Gaspar y Mariana Pinto dos Santos (José de Almada Negreiros, Poemas, Assírio y Alvim, 2° edición corregida, Lisboa, 2005).

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